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Alderêon

Prólogo

El Comandante de la Élite Nami estaba muy enfadado, hacía un mes que los Monjes Guardianes de las Termas habían muerto en extrañas circunstancias y él tenía que presentarse en aquel lugar, tan desastrosamente en ruinas, que a primera vista no parecía perteneciente a la delicada arquitectura Nami.
-Probablemente-pensó no muy satisfecho-Suhªnًi ha logrado entablar un diálogo con asesinos humanos.
Yo mismo me tendré que ver obligado a disponer de lerdos humanos como servidumbre-un largo suspiro surgió de sus finísimos labios.
Recostado en su trono, Näntve envió un Podêrien en busca de cualquiera de los humanos presentes en las tabernas recién construidas en las calles enfangadas…



 Se deslizó silenciosamente hacia la Sala del Consejo. Nadie entraba en ese lugar si podía evitarlo, un terrible hedor flotaba en el ambiente. Antiguamente, la estancia estaba ricamente adornada por estandartes y banderas, aparte de figuras labradas en la piedra que recubría las paredes del cuarto. Ahora los estandartes se pudrían con la humedad del suelo y las desgastadas figuras no dejaban ver sus magníficos contornos.

Sobreponiéndose al terrible olor, Laureoss cruzó la habitación. Un poderoso Nami le esperaba allí. La pesada respiración le puso los pelos de punta. Sin embargo, se tranquilizó mentalmente pensando en los múltiples beneficios que le reportaría la inesperada alianza con ese individuo.
-¿Qué desea, mi señor?-dijo pausadamente el soldado, no sabiendo muy bien si mirar directamente al bruñido casco de oro del poderoso Nami o bajar la vista al suelo. Al final optó por mirar fijamente sus embarradas botas.
Sobresaltado, al ver que el extraño no respondía, repitió su pregunta con un poco más de urgencia.
-No seas impaciente, humano. Sólo deseo saber en que Rhêps descansará el hermano del Celeste, Algeön.-La voz, hueca e inhumana resonó en la mente del interpelado.

-Pero señor, esa información se ha mantenido en secreto a todo el mundo…Tal vez con un poco de persuasión-añadió apresuradamente al ver la peligrosa mirada que el Nami le dirigió y observó su bolsa cargada de monedas-, la guardia del muro exterior sepa algo.
 El áureo Nami permaneció un momento más en las sombras, y luego se alzó lentamente para mirar atentamente a su siervo.
-Al anochecer espero tu respuesta, si es negativa haré que sirvas alimento a los Podêrien-el humano palideció visiblemente-Si tu respuesta me agrada no te ocurrirá nada, pero no volverás a aparecer por las Termas Reales. Si realmente aprecias tu vida, después de averiguarlo e informarnos de ello tendrás que huir lo más rápidamente que puedas de aquí.
El Nami, concentrándose, invocó una señal magnética primaria para alejar al humano de allí.
Con un grito, Laureoss se precipitó fuera de la habitación.
Aliviado, el Nami se recostó en su asiento.

-Por fin-exclamó, y con un chasquido de sus delgados y brillantes dedos hizo desaparecer el hechizo que mantenía el inmundo hedor-Aunque pensándolo bien, el humano apesta todavía más-dijo para sí en un murmullo apagado.

-Por ti voy, Algeön, por ti voy.
Las sombras volvieron a cerrarse entorno a él, dejándolo sumido en tenebrosos pensamientos.


  Al mediodía, el dorado Nami se dirigió a la parte oeste de las Termas. En el camino recordó el trágico episodio de su vida acaecido hace ya por lo menos 60 años…

El Rey Suhªnًi descansaba en su cúpula de energía, tras intentar, sin éxito, volver Nami a su futuro hijo.

Cuando los Nami Regentes desean un heredero, invocan sus poderes magnéticos y los unen formándose, en un pequeño nicho de cristaldacita, un embrión que se convertirá, cuando su desarrollo concluya, en un Nami.

M`chi`tzًi, Suhªnًi  y  Ҳinҗütữًi evocaron la poderosa magia magnética creadora de una nueva vida. Éste sería, si había suerte, el último hijo de los tres Radiantes. Sus anteriores hijos fueron tratados por el magnetismo con gran respeto y cariño. Con el tiempo Alderêon y Anduliän demostraron ser poderosos N´tewًi y Nuًi.

Sin embargo, con el tercer hijo algo sucedió terriblemente mal.

Antes de la ceremonia M`chi`tzًi dio muestras de una inesperada torpeza. Con una desmaña poco habitual, el Señor del Viento avanzó por el translúcido suelo hacia la presencia de sus dos consortes. La única persona que advirtió la mueca de dolor del Radiante cuando agachó la cabeza e invocó las formulas magnéticas de respeto fue un Nami que se encontraba apartado de todos los demás y, oculto en un rincón, observaba el nacimiento de su pupilo. Perturbado por la presencia de todos los Regentes y por el dolor del Teًi, volvió a sumergirse en las acogedoras sombras. La idea del envenenamiento fue colándose susceptiblemente en su mente, hasta dejar una profunda huella. ¿Quién querría destruir a M`chi`tzًi? Fuese quien fuese, quería acabar con la energía magnética y el poder del futuro heredero.

Pasados unos meses, se descubrió lo que todos temían: El nuevo hijo de los Regentes sería un humano. Sin descanso, trabajaron Suhªnًi  y  Ҳinҗütữًi para lograr convertirlo en Nami. El Teًi Regente no pudo colaborar por padecer elementolaistis, una consecuencia de su reciente envenenamiento.

Las semanas pasaron. Los frustrados intentos de conversión extenuaron al máximo las fuerzas de los Radiantes. Al fin, cuando se sintieron al borde de la muerte, sólo pudieron rogar a sus dioses que su descendiente muriera rápido al nacer.

Al borde de que sucediera este acontecimiento, las señales magnéticas de todos los Nami del grandioso castillo temblaron de terror. Pero esta reacción no la causó el próximo nacimiento, sino la presencia en el castillo de un poderoso guerrero Azer.

Esa mañana todo era normal en la fortaleza. Los sirvientes Nami y los humanos, eficazmente unos y torpemente los otros, limpiaban a fondo las salas de todo el recinto. La intranquilidad flotaba en el ambiente, casi como una terrible serpiente cuando alza su cabeza llena de joyas y se balancea. Los siervos advirtieron una extraña perturbación en el cielo. Un fulgor rojizo se adueñaba rápidamente de la parte del horizonte opuesta a la Esfera.

Una terrible cara flotaba por encima de castillo, rodeándolo, hasta descender con brusquedad en la azotea principal del conjunto de edificios.

Después desapareció, y con él, el Regente Suhªnًi. Tembloroso y con el rostro desencajado, un Nami de armadura dorada comunicó al resto que los dos se hallaban en la Sala de Minig. También comunicó, que, aparentemente, el N´tewًi se hallaba en perfectas condiciones, y discutiendo acaloradamente con el llameante intruso.

Ҳinҗütữًi preguntó al Nami si sabía algo más acerca del asunto, éste palideció visiblemente y se alejó corriendo por un corredor.

Cuando la Esfera se ocultó, produciendo sus habituales destellos irisados, apareció el Regente N´tewًi en la Cámara en la que nacería su heredero. Con una extraña mirada en sus facciones, empezó a invocar antiguos y complejos poderes, desconocidas por cualquier Nami viviente.

Su llamamiento acabó, interrumpido por un débil gorgoteo producido por su propia y desfigurada boca. Sus ayudantes recogieron el cuerpo desmayado y lo llevaron flotando a su cúpula de energía.

Mientras el Regente dormía intranquilo, el cuidador del Nami recién nacido aclaró su garganta, atascada debido al desuso y pronunció: -!!Esta vez el Regente lo ha conseguido¡¡-inspiró aire pausadamente y continuó-!!El nuevo Celeste ya no es un humano¡¡…

Lentamente la imagen de los aplausos de los Nami se desvaneció de su mente, interrumpida por los estridentes gritos de los humanos que pasaban por la avenida. Recordó también que los Radiantes, muy contrariados, habían puesto a su hijo el nombre de Algeön, Mezcla o Mezclado en el Idioma Nami.

Irónicamente, ahora tendría que acabar con su protegido.

Incorporándose para que todos los presentes le vieran invocó una señal magnética terciaria, fuente de un poder bastante considerable. El signo cruzó el aire y explotó, brillos incandescentes surcaron el cielo en dirección al horizonte.

-Los idiotas de los humanos tomarán esto como la señal de que Algeön y su hermano Alderêon se acerca. Nada más vulgar…-pensó.

Mientras centelleantes formas tomaron cuerpo alrededor suyo, con un único pensamiento, todos desaparecieron de allí.

Al ver las fulgurantes señales que teñían el cielo de escarlata Nami de todos los rangos y edades se apresuraron a partir hacia el sitio que éstas indicaban.

Continuará....

Queda una escena del prólogo...


Texto: Jakeukalane
Corrección: Shemann

©Hyposs Productions. ©Shermann Productions.

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Bienvenidos¡¡¡¡¡

Aquí publicaré las historias que relatan la vida de Aldereon, un poderoso Nami heredero de todo un plano.

P.D.: He decidido finalmente publicar estas historias gracias a la influecia de Zonafantasía y Vidas de Andrómedo.

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